Adobe suele analizarse desde el prisma clásico del software “premium”: precios, marca, amplitud de suite y fidelidad. Pero el debate realmente incómodo no va de funcionalidades, sino de generaciones. La base actual de creativos está fuertemente anclada en Creative Cloud, mientras que los nuevos usuarios están empezando cada vez más en Canva y Figma. Y ahí es donde Adobe Express se entiende mejor no como un producto “más”, sino como una maniobra para recuperar la puerta de entrada.
En otras palabras: Adobe no está defendiendo el presente; está intentando asegurar el relevo.
El foso invisible de Adobe: el coste de cambio cognitivo
El mayor “moat” de Adobe no aparece en el balance. Es cognitivo.
Muchos análisis hablan de costes de cambio como si fueran solo contratos, precios o migraciones de archivos. En Adobe, el bloqueo más potente es otro: la forma de trabajar.
Tras años usando Photoshop, Illustrator, Premiere o After Effects, los profesionales no solo dominan una interfaz. Interiorizan:
- atajos de teclado y memoria muscular,
- secuencias de edición y rutinas,
- handoffs entre apps (Illustrator → Photoshop → InDesign → Acrobat),
- bibliotecas, presets, plantillas, LUTs y clasificación de activos,
- hábitos de equipo (revisión, entregables, formatos).
Cambiar de plataforma no es “instalar otro software”. Es reaprender a pensar mientras produces. Y ese impuesto se paga en tiempo, errores, frustración y, sobre todo, pérdida de velocidad.
Por eso, el riesgo de disrupción en la generación actual es más bajo de lo que parece:
- Efecto red dentro de equipos: compañeros, agencias, freelancers y clientes trabajan en el mismo idioma.
- Estandarización industrial: ofertas de empleo y entregables siguen pidiendo formatos y herramientas Adobe.
- El tiempo vale más que la suscripción: para un profesional, perder agilidad cuesta mucho más que pagar la licencia.
Conclusión: Adobe no retiene porque sea barato, sino porque es el estándar interiorizado.
El ecosistema como norma: Adobe no vende herramientas, vende el “idioma” del sector
El coste cognitivo explica por qué los profesionales no se van. Pero no explica del todo por qué Adobe se convirtió en el centro del mercado.
Adobe construyó un ecosistema integrado que acabó funcionando como infraestructura:
- un “lenguaje” de archivos y flujos de trabajo,
- un pipeline completo de idea → producción → entrega,
- integración transversal que reduce fricción y contexto.
Cuando una herramienta se convierte en estándar, deja de ser un producto y se convierte en la norma. Y las normas cambian lento.
Esto es clave porque la competencia rara vez ataca “todo Adobe”. Ataca capas:
- Canva compite en creación rápida para marketing y contenidos sociales,
- Figma domina el diseño de producto digital colaborativo,
- otras herramientas compiten por partes del vídeo, foto o UI.
La ventaja histórica de Adobe es que casi nadie compite contra la suite completa a profundidad profesional, y la integración refuerza la permanencia del conjunto aunque alguna pieza sufra presión.
El riesgo real: la próxima generación no siente el lock-in
Aquí está el punto crítico: el foso de Adobe funciona mejor cuando ya llevas años dentro. El peligro no es que los profesionales actuales se vayan. El peligro es que los de mañana no entren.
Canva y Figma entendieron algo muy simple:
Controlar la puerta de entrada es más importante que controlar la planta 15 del edificio.
Por qué Canva gana la capa de entrada
Canva optimiza el tiempo hasta el primer resultado:
- curva de aprendizaje baja,
- plantillas y resultados “aceptables” en minutos,
- velocidad para piezas sociales, presentaciones y material corporativo,
- colaboración y bibliotecas compartidas cada vez más maduras.
Para miles de equipos, la ecuación es brutal: rapidez + suficiencia vence a profundidad.
Por qué Figma gana en diseño de producto
Figma no solo es herramienta: es el lugar donde ocurre la conversación:
- navegador y colaboración nativa,
- comentarios, prototipos y handoff en el mismo lienzo,
- comunidad que aporta plantillas, sistemas de diseño y plugins,
- adopción orgánica en educación y startups.
Ese empuje “bottom-up” (aprendo, comparto, recluto) crea un motor de adopción difícil de replicar desde una suite tradicional.
El impacto en valoración: el valor terminal es donde duele
Esto no siempre se ve en el trimestre. Pero se ve en valoración.
En muchos modelos DCF, el valor terminal explica una parte enorme del valor total (a veces la mayoría). Y el valor terminal depende de una premisa básica:
- el ecosistema sigue siendo estándar,
- nuevas cohortes entran,
- los flujos de caja se prolongan más allá del horizonte explícito.
Si el mercado empieza a creer que la nueva generación se forma fuera de Adobe, el estándar futuro se pone en duda. Y cuando se pone en duda, el valor terminal se comprime. Así aparecen las “trampas de valor”: múltiplos bajos hoy no porque el negocio sea malo, sino porque el mercado no paga por una dominancia que no considera duradera.
Adobe Express: una defensa estratégica para recuperar la puerta
Aquí es donde Express cobra sentido.
Express no intenta reemplazar Photoshop o Illustrator. Intenta reconquistar el primer paso y convertirlo en rampa de acceso al ecosistema profesional:
- empezar con creación rápida (posts, flyers, vídeo sencillo, presentaciones),
- reducir fricción con automatización y capacidades de IA,
- hacer que la primera experiencia sea inmediata,
- permitir escalar hacia herramientas “pro” cuando el proyecto lo exija.
Desde un punto de vista estratégico, Express funciona como:
- recaptura del embudo (estudiantes, creadores, pymes, marketing),
- on-ramp de suite (primero fácil, luego profundo),
- respuesta a Canva en el terreno donde se forman hábitos.
Además, incluso para usuarios veteranos, una herramienta ligera puede reducir “fricción de sobrepeso”: no todo requiere abrir artillería pesada. Si Express se vuelve parte del día a día, aumenta puntos de contacto y refuerza la gravedad del ecosistema.
Qué debería observarse para saber si funciona
Si se analiza como tesis competitiva (o de inversión), Express no se mide por si “es bonito”. Se mide por si restaura la canalización de nuevas cohortes hacia Adobe.
Indicadores relevantes:
- adopción en educación y perfiles junior,
- uso real en equipos (marca, plantillas, bibliotecas),
- conversión de Express a apps “pro” del stack,
- retención y frecuencia en marketing de pymes/medianas,
- si Adobe vuelve a ser “la herramienta con la que se empieza”.
Porque el riesgo no es perder usuarios actuales. Es que el foso envejezca. La batalla es por la cantera.
Conclusión
Adobe mantiene una ventaja enorme con la generación actual gracias al coste de cambio cognitivo y la estandarización de la industria. Pero su amenaza más peligrosa no es el churn: es el reemplazo generacional. Canva y Figma están ganando el primer clic, el primer proyecto y el primer hábito.
Adobe Express es, por tanto, una jugada defensiva racional: no para proteger el trimestre, sino para proteger el futuro. Si logra que la nueva generación empiece dentro, la inercia del ecosistema hará el resto. Si no, el mercado seguirá cuestionando la durabilidad del estándar y, con ello, el valor terminal.