OpenAI empieza a mover una pieza que llevaba tiempo sobre la mesa: introducir publicidad en ChatGPT. No como el modelo clásico de la web —repleto de banners y segmentación quirúrgica—, sino como un formato más contenido, pensado para convivir con una conversación que, por diseño, se percibe como personal.

La promesa es clara: anuncios con enfoque “trust-first” (confianza primero). El coste, también: se habla de CPM cercanos a 60 dólares por 1.000 impresiones, una cifra alta si se compara con la publicidad social tradicional. Y el peaje es doble: menos datos para el anunciante y más límites sobre qué se puede medir y optimizar.

Un CPM de lujo, pero sin el “radar” habitual

En la publicidad digital moderna, el precio suele justificarse con precisión: segmentación, atribución y optimización casi en tiempo real. En ChatGPT, el planteamiento inicial es otro. El anunciante paga por atención y contexto, pero recibe reporting de alto nivel (impresiones y clics), sin la trazabilidad completa hacia compras u otras acciones posteriores.

Para muchas marcas, esto convierte los primeros tests en algo más parecido a una campaña de notoriedad que a un motor de ventas. Es el tipo de entorno donde la pregunta no es “¿cuánto ROAS me da hoy?”, sino “¿qué impacto tiene estar presente dentro de una conversación donde el usuario está realmente atento?”.

Por qué OpenAI limita la medición (y qué gana a cambio)

OpenAI ha repetido públicamente una idea: no vender datos de usuario a anunciantes y mantener las conversaciones privadas. Ese posicionamiento fija el perímetro de la publicidad desde el minuto uno. La lectura de mercado es evidente: si ChatGPT quiere convertirse en un producto masivo con anuncios, necesita evitar el pecado original de internet moderno: convertir al usuario en un fichero.

En la práctica, este enfoque trae dos consecuencias:

  • Menos targeting “personal” al estilo redes sociales.
  • Menos atribución (y por tanto, menos optimización agresiva).

A cambio, OpenAI vende otra moneda: brand safety, contexto y atención. El tipo de inventario publicitario que muchas marcas llevan años buscando, especialmente en un momento donde parte del tráfico web se está volviendo más “cero clic” y las audiencias se fragmentan.

Quién verá anuncios… y quién no

La implantación inicial está pensada para usuarios del plan gratuito y Go, dejando fuera a los planes de pago más altos. Además, se establecen barreras explícitas:

  • No se mostrarán anuncios a menores (según declaración o inferencia del sistema).
  • No se servirán anuncios en conversaciones sobre temas sensibles, como salud mental o política.

Este punto no es menor: si OpenAI quiere cobrar “premium”, necesita prometer un entorno donde la marca no aparezca al lado de contenido delicado, ni se convierta en parte del ruido.

El gran dilema para marketing: “estar” vs “medir”

Para un director de marketing, ChatGPT Ads puede ser tentador por un motivo simple: es un nuevo punto de atención. Pero para un responsable de performance, el planteamiento inicial es incómodo: con datos limitados, el sistema se parece menos a un canal de conversión y más a un formato de presencia.

Eso no significa que sea inútil; significa que cambia el enfoque. Las primeras campañas probablemente se parecerán a esto:

  • Creatividades orientadas a mensaje y posicionamiento, no solo a oferta.
  • Medición complementaria fuera de la plataforma (estudios de marca, encuestas, incrementality, correlaciones de búsqueda de marca, etc.).
  • Objetivo de aprender qué mensajes funcionan en un entorno conversacional y qué categorías encajan mejor.

Un formato que puede cambiar las reglas del juego (si escala)

La parte interesante no es solo que haya anuncios, sino dónde se insertan: dentro del flujo de una conversación, donde el usuario suele estar en modo “resolver” y no en modo “scroll infinito”.

Ahí aparece una hipótesis fuerte: un anuncio contextual dentro de un chat puede tener más calidad de atención que un anuncio en un feed. OpenAI está, en esencia, intentando crear un producto publicitario donde la promesa no sea “te conozco mejor que nadie”, sino “estás en el momento exacto para escuchar esto”.

Si esa tesis se sostiene, podría abrir una categoría propia: publicidad conversacional como escaparate de alto valor, con menos volumen, más precio y más control.

Lo que deberían vigilar las marcas desde el día uno

Si una marca entra pronto en este formato, hay tres preguntas que conviene no perder de vista:

  1. ¿Qué intención tiene el usuario cuando aparece el anuncio?
    Si el contexto es débil, el anuncio se percibirá como intrusión. Si el contexto es fuerte, se percibirá como ayuda.
  2. ¿Qué narrativa funciona en conversación?
    No es lo mismo vender un producto en un banner que aparecer en un chat donde el usuario pide recomendaciones o comparativas.
  3. ¿Cómo se mide el impacto real sin atribución fina?
    Toca combinar señales: clics, tráfico directo, búsquedas de marca, pruebas geográficas, ventanas de tiempo, etc.

Preguntas frecuentes

¿ChatGPT tendrá anuncios para todos los usuarios?
El despliegue inicial se plantea para planes gratuito y Go, mientras que los planes superiores quedarían sin anuncios.

¿Qué métricas verá un anunciante en esta primera etapa?
Se habla de un reporting limitado (impresiones y clics), sin detalle completo de acciones posteriores como compras.

¿Se podrán segmentar anuncios como en redes sociales?
El enfoque de OpenAI prioriza privacidad, lo que limita el modelo clásico de segmentación basada en datos personales y atribución profunda.

¿Habrá anuncios en temas sensibles como política o salud mental?
La política anunciada contempla exclusiones para conversaciones sensibles y para usuarios menores de edad.

vía: ChatGPT con publicidad

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