La batalla legal por los derechos de autor en la Inteligencia Artificial suma un nuevo nombre de peso. Encyclopaedia Britannica y Merriam-Webster han demandado a OpenAI ante un tribunal federal de Nueva York, al acusar a la compañía de haber utilizado sin permiso miles de artículos, definiciones y contenidos protegidos para entrenar sus modelos de IA y generar después respuestas que reproducen o resumen de forma muy cercana esos textos.
La demanda fue presentada el 13 de marzo de 2026 ante el tribunal del Distrito Sur de Nueva York y sitúa a OpenAI frente a dos marcas históricas del mundo editorial y educativo. Britannica sostiene que la empresa ha usado cerca de 100.000 artículos y entradas de referencia para alimentar sistemas como GPT-4, mientras que Merriam-Webster denuncia un uso similar de su contenido lexicográfico. Ambas compañías reclaman daños económicos y también una orden judicial para frenar ese uso.
El caso tiene un valor simbólico especial porque no afecta a un medio cualquiera, sino a dos referencias muy reconocidas en el terreno del conocimiento verificado. Britannica lleva más de dos siglos construyendo una marca ligada a la precisión y la autoridad editorial, mientras que Merriam-Webster es uno de los diccionarios más conocidos del mercado estadounidense. Su argumento no se limita a decir que OpenAI copió textos: también sostiene que ChatGPT puede aprovecharse de su credibilidad y, en algunos casos, asociar sus marcas a respuestas inexactas o inventadas.
La denuncia se apoya en dos frentes principales. El primero es la infracción de copyright, al considerar que OpenAI habría reproducido y utilizado obras protegidas sin autorización durante el entrenamiento de sus modelos y después en las respuestas generadas para los usuarios. El segundo es la legislación sobre marcas, porque las demandantes creen que la IA puede inducir a error si el usuario interpreta que Britannica o Merriam-Webster respaldan o son la fuente directa de determinadas respuestas producidas por ChatGPT.
Más allá del plano legal, el caso vuelve a poner sobre la mesa una inquietud que cada vez comparten más editoriales, medios y creadores: la posibilidad de que las plataformas de IA estén capturando el valor económico de contenidos ajenos sin compensar a quienes los producen. Britannica sostiene que, si un usuario obtiene una respuesta suficientemente completa en ChatGPT sobre historia, ciencia, cultura general o lenguaje, tiene menos motivos para visitar sus páginas web. Eso implica menos tráfico, menos ingresos y una posible erosión del modelo de negocio que sostiene esos contenidos.
La demanda llega además en un momento especialmente delicado para OpenAI y para el conjunto del sector. La empresa ya se enfrenta a varios litigios relacionados con el uso de obras protegidas para entrenar sistemas de IA, y este nuevo caso amplía la presión judicial sobre un debate que todavía está lejos de resolverse: si entrenar modelos con contenido disponible públicamente puede considerarse “uso legítimo” o si, por el contrario, exige licencia y compensación. OpenAI mantiene de forma general que sus modelos se entrenan con información públicamente accesible bajo el principio de fair use, una defensa que también ha utilizado en otros procedimientos.
Lo que hace especialmente relevante esta causa es que no se trata solo de proteger obras concretas, sino de defender un tipo de contenido basado en la fiabilidad. En el caso de Britannica, la empresa subraya que su reputación se ha construido a lo largo de más de 250 años y que vincular su nombre a respuestas generadas por IA que puedan contener errores supone un perjuicio añadido. La discusión, por tanto, no se limita a la copia: también alcanza a la confianza.
Este paso también confirma que las empresas de contenido con marcas fuertes ya no quieren esperar a que la industria de la IA se autorregule. Algunas tecnológicas han optado por firmar acuerdos con medios y editoriales para reducir el conflicto, pero el movimiento de Britannica y Merriam-Webster demuestra que una parte del sector sigue prefiriendo la vía judicial para intentar fijar límites claros. Y esos límites pueden terminar siendo decisivos para definir cómo se entrenan, monetizan y presentan los sistemas de IA en los próximos años.
La gran incógnita ahora es si el caso acabará en acuerdo o si pasará a formar parte de la lista de pleitos que pueden marcar jurisprudencia en la relación entre IA y copyright. Pero el mensaje que deja esta demanda ya es claro: incluso las instituciones más tradicionales del mundo editorial han asumido que la discusión sobre el futuro de la Inteligencia Artificial también se juega en los tribunales.
Preguntas frecuentes
¿Quién ha demandado a OpenAI?
Encyclopaedia Britannica y Merriam-Webster presentaron la demanda en un tribunal federal de Nueva York.
¿De qué acusan exactamente a OpenAI?
La acusan de utilizar sin permiso artículos y definiciones protegidos para entrenar sus modelos y de generar respuestas que reproducen o resumen muy de cerca ese contenido.
¿Qué pide Britannica en la demanda?
Solicita daños económicos y una orden judicial para impedir que OpenAI siga usando su contenido de la forma denunciada.
¿Qué responde OpenAI a este tipo de casos?
La empresa defiende en general que sus modelos se entrenan con datos disponibles públicamente bajo la doctrina del fair use o uso legítimo.