ChatGPT como página de inicio: la encuesta que retrata el giro de la web desde el buscador hacia la Inteligencia Artificial

Durante años, la “puerta de entrada” a Internet tuvo una forma casi inmutable: una caja de búsqueda, un motor dominante y una rutina aprendida a base de repetición. Ese hábito empieza a moverse. Un estudio impulsado por la compañía británica de pagos Bango, en colaboración con la firma de investigación 3Gem, sugiere que una parte creciente de usuarios que pagan por herramientas de Inteligencia Artificial ya no comienza su navegación en Google u otros buscadores, sino en ChatGPT, configurándolo como página de inicio del navegador.

El trabajo, basado en datos de 2.000 usuarios estadounidenses de pago recogidos en octubre de 2025, describe un cambio de comportamiento que va más allá de la curiosidad tecnológica. Según la lectura publicada por Notebookcheck y Noticias.AI, los suscriptores están priorizando al asistente conversacional como interfaz principal para informarse, resolver dudas y, en general, “arrancar” su sesión digital. En paralelo, en smartphones se repite el patrón: los accesos rápidos y widgets de IA ganan protagonismo y el buscador tradicional queda relegado a un segundo plano.

De herramienta opcional a “infraestructura” personal

El matiz importante es que el estudio no habla del usuario medio de Internet, sino de un perfil concreto: personas que ya pagan por servicios de Inteligencia Artificial. Ese segmento suele funcionar como termómetro adelantado: adopta antes, exige más y normaliza prácticas que, con el tiempo, se extienden cuando bajan los precios y mejoran las integraciones.

El informe sostiene que, para este grupo, la IA ha dejado de ser un extra. Se convierte en una pieza estructural del día a día: trabajo, aprendizaje, productividad, planificación y, ahora, navegación. Y cuando la IA se coloca en el “kilómetro cero” del navegador, no es solo un cambio estético: redefine la forma en que se encuentra información y cómo se decide qué enlaces visitar.

Dicho de otro modo: si el buscador era el mapa, el chatbot empieza a ser el guía. Y esa diferencia altera las reglas de visibilidad para medios, comercios, marcas y creadores, porque la atención del usuario se captura antes de que exista un clic a una web concreta.

El dato que lo explica todo: el presupuesto mensual

La adopción masiva de IA de pago no ocurre en el vacío. Ocurre en la economía real del usuario, que ya está saturada de suscripciones (vídeo, música, almacenamiento, productividad, videojuegos). El estudio cita un gasto medio de 66 dólares al mes en una “cartera” de herramientas de IA, una cantidad que, para muchos, supera el desembolso en plataformas de streaming y roza un límite psicológico: el presupuesto máximo declarado por los encuestados se sitúa en 72 dólares.

Esa cercanía entre gasto real y techo presupuestario es relevante porque dibuja un escenario de tensión: hay disposición a pagar, pero hay poco margen para subir precios o para añadir servicios sin que el usuario recorte por otro lado. El informe apunta, además, que un tercio de los consultados considera que el coste ya es excesivo, lo que introduce presión competitiva sobre los proveedores: o aumentan el valor percibido, o diseñan planes de entrada más asequibles para evitar que el mercado se frene por fatiga de precios.

Productividad primero: IA antes que streaming

En términos culturales, el resultado más llamativo es una prioridad que hace pocos años habría parecido extraña: más del 60 % de los encuestados afirma que cancelaría antes sus servicios de vídeo en streaming que renunciar a su asistente de IA. El mensaje no se interpreta solo como una preferencia por una marca; se interpreta como un cambio en el rol que el software ocupa en la vida cotidiana.

El streaming es entretenimiento: sustituible, comparable, cancelable. La IA, para este grupo, se percibe como una herramienta de productividad y resolución de problemas. Por eso compite en otra liga: se defiende como “necesaria”, aunque el precio incomode. Es una idea que encaja con el auge de la IA en entornos de trabajo y estudio: no solo para crear texto, sino para resumir, buscar, comparar, planificar, traducir, ordenar decisiones o convertir información dispersa en acciones.

“Subscription cycling”: altas y bajas para estirar el dinero

Cuando la IA entra en la pila de suscripciones, también hereda sus dinámicas más maduras. El estudio recoge la práctica del “subscription cycling”: usuarios que se dan de alta por periodos breves, cancelan de inmediato y repiten el patrón cuando vuelven a necesitar una herramienta. No es necesariamente una señal de rechazo a la IA; es, más bien, una señal de disciplina financiera ante un catálogo que crece y se encarece.

Esta conducta introduce volatilidad en el mercado, algo que las compañías intentan frenar con estrategias de retención, paquetes y ventajas por permanencia. Y ahí aparece otro concepto mencionado en la lectura: la aspiración a una “super-app” de IA, un punto único que lo resuelva todo —consultas, tareas, compras, servicios—, reduciendo la necesidad de pagar por múltiples herramientas.

La super-app y el riesgo de convertir la IA en escaparate comercial

La idea de la super-app tiene una cara brillante y otra oscura. La brillante: simplifica la vida al usuario, reduce fricción, integra pagos, automatiza compras y convierte la conversación en una experiencia “de extremo a extremo”. La oscura: si la IA se convierte en un canal de comercio, la neutralidad deja de ser un supuesto. Aparecen incentivos para priorizar productos, marcas o proveedores, ya sea por acuerdos, comisiones o estrategias de plataforma.

Notebookcheck recoge ese dilema con una advertencia implícita: si los modelos evolucionan hacia marketplaces, la recomendación puede dejar de ser una respuesta “neutral” y convertirse en un mecanismo de distribución con intereses económicos. El usuario que hoy pone ChatGPT como página de inicio por eficiencia podría encontrarse mañana con un ecosistema donde la confianza se negocia.

Qué cambia para buscadores y para la web

Este movimiento no implica la desaparición de los buscadores, pero sí un desplazamiento simbólico y práctico: el buscador deja de ser el primer gesto. En términos de industria, eso puede tensionar tres frentes:

  1. Descubrimiento y tráfico: si el usuario se queda en la respuesta del asistente, menos visitas llegan a las fuentes originales.
  2. Economía de la atención: la competencia ya no es solo por rankear en una página de resultados, sino por “ser citado” o utilizado por una IA.
  3. Publicidad y atribución: cambia el punto donde se decide qué comprar, qué leer o qué comparar.

En el fondo, la encuesta retrata el inicio de una transición: de una web navegada por enlaces a una web mediada por asistentes. Y en ese escenario, el gran debate deja de ser “qué buscador se usa” para pasar a ser “quién controla la interfaz desde la que se accede al conocimiento, al consumo y a la vida digital”.


Preguntas frecuentes

¿Qué implica poner ChatGPT como página de inicio del navegador?

Que el usuario inicia su navegación desde un asistente de Inteligencia Artificial en lugar de un buscador tradicional, lo que modifica cómo encuentra información y qué webs termina visitando.

¿Cuánto gastan de media los usuarios que pagan por herramientas de IA según la encuesta citada?

El estudio citado sitúa el gasto medio en 66 dólares al mes, con un límite presupuestario declarado de 72 dólares, lo que deja poco margen para subidas de precio o nuevas suscripciones.

¿Por qué muchos usuarios preferirían cancelar streaming antes que su asistente de IA?

Porque perciben la IA como una herramienta de productividad y utilidad diaria. En la encuesta, más del 60 % afirma que recortaría entretenimiento antes que renunciar a la IA.

¿Qué riesgos aparecen si la IA se convierte en un canal de compras y servicios?

Que la neutralidad se vea comprometida: si la IA integra transacciones, pueden surgir incentivos económicos para favorecer productos o proveedores, afectando a la confianza en las recomendaciones.

Fuente: Noticias inteligencia artificial

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