El email es uno de esos inventos que parecen “de toda la vida”. Se abre el móvil, se escribe un asunto, se pulsa Enviar y listo. Pero detrás de ese gesto cotidiano hay una pequeña coreografía técnica que lleva décadas funcionando y que, en silencio, permite que el correo sea universal: puedas escribir desde un Gmail y que llegue a un dominio propio, o desde una empresa a un proveedor pequeño, sin pedir permiso a nadie.
Esa universalidad se sostiene gracias a protocolos, que son como reglas comunes para que todos los sistemas se entiendan. Los tres nombres que suelen aparecer cuando se habla de email son SMTP, POP3 e IMAP. No son rivales: cada uno cumple una función distinta. Y entenderlos ayuda a elegir mejor cómo configurar el correo… y también a comprender por qué el email sigue siendo un estándar abierto frente a los “jardines cerrados” de algunas plataformas.
La idea clave en una frase
- SMTP: sirve para enviar correos.
- POP3: sirve para descargar correos a un dispositivo.
- IMAP: sirve para sincronizar el correo en varios dispositivos.
Con eso ya se entiende el 80% del asunto.

SMTP: el “camión de reparto” que mueve tus emails
SMTP es el protocolo que se activa cuando pulsas Enviar. Puedes imaginarlo como el servicio de mensajería: recoge tu mensaje y lo va trasladando hasta el servidor de correo del destinatario.
Lo importante para un usuario normal:
- SMTP no se usa para leer correos, sino para mandarlos.
- Está diseñado para que el correo funcione entre distintos proveedores (esa es la gracia del email).
En ajustes, a veces se ven números (puertos) asociados:
- 587 (el más habitual y recomendado para el envío desde apps o clientes de correo)
- 465 (otra opción común con cifrado)
- 25 (más histórico, usado entre servidores; hoy puede estar restringido)
No hace falta memorizarlo, pero sí quedarse con la idea: SMTP = salida.
POP3: descargar el correo como si fuera “a tu ordenador”
POP3 es una forma de recibir correos que se popularizó cuando lo normal era tener un único ordenador para todo. Su lógica es sencilla: el programa de correo se conecta, descarga los mensajes y, en el modelo clásico, puede borrarlos del servidor. Es decir, el correo “se va contigo”.
Ventajas típicas:
- Puedes tener los mensajes guardados localmente.
- Es simple y funciona bien si solo usas un dispositivo.
Desventajas:
- Si lees o borras un email en un equipo, no se refleja en otro.
- Si cambias de móvil/ordenador y no has dejado copia en servidor, puedes perder continuidad.
- Está menos alineado con el uso actual (móvil + portátil + tablet).
Puertos que a veces aparecen:
- 110 (sin cifrar, hoy poco recomendable)
- 995 (con cifrado)
Resumen humano: POP3 es como “bajarme el correo a mi aparato”.
IMAP: tu buzón vive en el servidor y tú lo ves desde donde quieras
IMAP es el sistema que mejor encaja con cómo usamos el correo hoy. En vez de “llevarse” los mensajes, IMAP mantiene el buzón en el servidor y sincroniza lo que haces:
- Si lees un email en el móvil, aparece como leído en el ordenador.
- Si lo mueves a una carpeta, se mueve en todos.
- Si lo borras, se borra en todos.
Ventajas:
- Ideal si usas varios dispositivos.
- Mantiene un buzón consistente y ordenado.
- Es el enfoque más común en servicios actuales.
Desventajas:
- Necesita conexión para funcionar al 100% (aunque casi todos los clientes guardan copia temporal para ir más rápido).
- El correo ocupa espacio en el servidor (aunque hoy esto suele estar previsto por diseño).
Puertos típicos:
- 143 (sin cifrar, desaconsejable)
- 993 (con cifrado)
Resumen humano: IMAP es “mi correo está en la nube/servidor y lo veo igual en todos lados”.
Entonces… ¿cuál debería usar la mayoría de gente?
En general:
- Si miras el correo desde móvil y ordenador, casi siempre: IMAP.
- Si solo vas a usar el correo en un único equipo y quieres gestión local: POP3 (con cuidado).
- SMTP lo usarás sí o sí, porque siempre hace falta para enviar.
Por eso, cuando alguien dice “mi correo va raro”, muchas veces el problema no es el proveedor: es que está configurado con POP3 y luego se sorprende de que no sincronice entre dispositivos.
Por qué todo esto importa más allá de la configuración
El email tiene algo que muchas herramientas modernas ya no tienen: es un estándar abierto. Eso significa que:
- Puedes usar el proveedor que quieras.
- Puedes cambiar de proveedor sin perderlo todo.
- Puedes usar un cliente de correo u otro (Outlook, Thunderbird, Apple Mail…).
- Puedes tener tu dominio y no depender de una sola plataforma.
En cambio, muchas grandes compañías empujan a modelos basados en APIs propietarias y ecosistemas cerrados. No siempre es “malo” (pueden aportar funciones extra), pero sí tiene un coste: te vuelve más dependiente y reduce la interoperabilidad. Dicho de forma simple: el email es como el “idioma común” de Internet; cuando se reemplaza por mecanismos cerrados, el usuario pierde libertad de elección.
Conclusión: tres siglas que sostienen algo muy cotidiano
El correo sigue vivo porque es simple, robusto y universal.
- SMTP envía.
- POP3 descarga.
- IMAP sincroniza.
Y aunque suenen a jerga técnica, en realidad explican algo muy práctico: por qué tu correo se comporta de una forma u otra, y por qué sigue siendo una de las tecnologías más “libres” del día a día digital.
Preguntas frecuentes
¿Qué pasa si uso POP3 en el móvil y en el ordenador a la vez?
Que cada dispositivo puede descargar mensajes de forma independiente y no se sincronizarán los cambios. Es fácil acabar con correos “desaparecidos” de un sitio o duplicados.
¿IMAP significa que mis correos están en “la nube”?
En la práctica, sí: se quedan en el servidor del proveedor o de tu empresa, y tus dispositivos muestran una vista sincronizada.
¿Qué opción es mejor para no perder emails al cambiar de móvil?
IMAP suele ser la mejor, porque el buzón está en el servidor y al configurar el nuevo móvil recuperas todo tal cual.
¿Por qué debería importarme que el email sea un estándar abierto?
Porque te permite elegir proveedor, aplicación y configuración sin quedarte atrapado en una sola plataforma. Es una garantía de compatibilidad y libertad de cambio.