Irán continúa prácticamente desconectado de internet más de diez días después del apagón que comenzó el 28 de febrero, en plena escalada militar con Estados Unidos e Israel. Access Now denunció el 11 de marzo que el país seguía bajo un corte casi total, mientras NetBlocks había señalado dos días antes que la conectividad apenas rondaba el 1 % de los niveles habituales. A esa fotografía se suma Cloudflare Radar, que registró al inicio del corte una caída del 98 % del tráfico, una señal de apagón nacional casi completo.
Para un medio centrado en redes sociales e internet, el dato importante no es solo que una infraestructura nacional se haya venido abajo, sino lo que eso significa en la vida digital diaria. Cuando un país cae a ese nivel de conectividad, no solo desaparecen webs y servicios internacionales: también se apagan WhatsApp, Telegram, Instagram, X, las videollamadas, el envío de vídeos, la verificación de imágenes, el acceso a medios extranjeros y buena parte de la conversación pública online. Human Rights Watch y Access Now sostienen que este vacío digital impide compartir pruebas de lo que ocurre sobre el terreno y deja a la población sin información crítica justo en un momento de guerra.
Un país desconectado también de su conversación digital
La dimensión social del apagón es enorme. Access Now subraya que millones de personas han quedado sin acceso a comunicaciones abiertas y a información fiable en el momento en que más la necesitan. La organización advierte de que el bloqueo no solo impide hablar con familiares o consultar noticias, sino que además alimenta la desinformación y la circulación de contenido manipulado, precisamente porque la red deja de funcionar como espacio de contraste, verificación y testimonio.

Human Rights Watch añade otro matiz relevante: el corte no parece una caída caótica, sino una restricción deliberada. Según esta organización, medios afines al Estado han indicado que solo ciertos sitios preaprobados siguen accesibles a través de la Red Nacional de Información iraní. En otras palabras, no se trata simplemente de que Irán esté “sin internet”, sino de que la población queda apartada de la red global mientras sobreviven servicios internos filtrados y controlados. Ese modelo golpea de lleno a cualquier ecosistema de redes sociales, porque rompe la conexión con plataformas, audiencias y canales de difusión internacionales.
La consecuencia inmediata es que la voz digital de un país entero se reduce a casi nada. Cloudflare Radar mantiene abierta su página de tráfico para Irán con seguimiento de volumen, tráfico HTTP y anomalías, mientras su cuenta oficial ha señalado que el país sigue muy por debajo del 1 % del nivel previo al apagón. En términos prácticos, eso significa que la actividad normal de publicación, navegación, mensajería y consumo de contenidos ha quedado reducida a una fracción mínima. Para periodistas, creadores, activistas o simples usuarios, es casi el equivalente a desaparecer de internet.
Redes sociales, comercio online y mensajería: todo se resiente
El impacto sobre la economía digital también es profundo. Reuters ya había explicado en enero, durante el anterior gran apagón iraní de 2026, que la falta de acceso al internet global estaba golpeando con fuerza a los negocios del país y dejando operativa solo una conectividad interna muy limitada para algunos servicios domésticos, como webs gubernamentales o intranets escolares. Ese modelo vuelve a dibujarse ahora y es especialmente dañino para cualquier empresa que dependa de redes sociales, plataformas de pago, autenticación externa o herramientas de trabajo en la nube.
Associated Press fue aún más concreta al describir cómo el apagón de enero asfixió a negocios que dependían de la publicidad y las ventas online. Su cobertura subrayó que muchas actividades comerciales en Irán usan redes sociales y mensajería como escaparate y canal de captación, y que el cierre casi total de internet cortó de golpe ese flujo. En un país donde Instagram, Telegram o WhatsApp han sido durante años piezas esenciales para vender, promocionarse o simplemente mantener contacto con clientes, una desconexión así no es solo un problema técnico: es un cierre forzoso de la vida digital cotidiana.
Ese precedente es clave para entender por qué el actual apagón preocupa tanto en el ecosistema de internet. Irán no llega a esta nueva crisis desde una situación de normalidad, sino después de otro bloqueo masivo impuesto el 8 de enero, que Reuters describió como un golpe severo a empresas y trabajadores de la economía digital. La repetición del patrón apunta a algo más profundo que una medida puntual: el país parece avanzar hacia una situación en la que la conexión abierta al resto del mundo puede cortarse durante semanas cada vez que el poder lo considera necesario.
El apagón también cambia cómo se informa una guerra
Hay otro efecto que afecta directamente al mundo de internet y las redes: cuando la población no puede subir vídeos, enviar ubicaciones, compartir imágenes o contrastar información en tiempo real, la cobertura de un conflicto se vuelve mucho más opaca. Access Now insiste en que este tipo de cortes bloquea a periodistas, defensores de derechos humanos y ciudadanos corrientes que intentan documentar posibles abusos o simplemente mostrar qué está ocurriendo. Human Rights Watch coincide en que el apagón dificulta la verificación independiente y aumenta la impunidad.
La coincidencia con la ofensiva de Estados Unidos e Israel no es menor. Reuters informó el 28 de febrero de que ambos países lanzaron ataques sobre Irán, y desde ese mismo día los sistemas de monitorización empezaron a reflejar el derrumbe del tráfico. Aunque la guerra explica el contexto, las organizaciones de derechos digitales remarcan que el apagón no puede justificarse como una simple medida de seguridad, porque sus efectos sobre civiles, acceso a información y comunicaciones personales son demasiado amplios.
Lo que deja esta crisis es una lección incómoda para cualquier medio que vive de internet: una red nacional puede apagarse casi por completo y con ella desaparecen de golpe las conversaciones, las pruebas, las ventas, los directos, la mensajería y la presencia pública de millones de personas. Irán no solo está sufriendo un corte de conectividad. Está viviendo una suspensión masiva de su vida digital, de sus redes sociales y de su capacidad para hablar con el exterior. Y cuanto más dure ese apagón, mayor será también el daño informativo, social y económico.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo lleva Irán casi sin internet?
El apagón actual comenzó el 28 de febrero de 2026. NetBlocks indicó el 9 de marzo que ya había alcanzado su décimo día, y Access Now seguía denunciando el corte casi total el 11 de marzo, por lo que ya supera claramente los diez días.
¿Qué nivel de conexión mantiene Irán durante el apagón?
NetBlocks situó la conectividad en torno al 1 % de los niveles normales y Human Rights Watch citó datos de Cloudflare Radar que reflejaban una caída inicial del 98 % del tráfico, señal de un apagón casi total.
¿Siguen funcionando redes sociales como Instagram, Telegram o WhatsApp en Irán?
Con una conectividad tan reducida, el acceso normal a redes sociales, mensajería y plataformas globales queda prácticamente inutilizado para la mayoría de la población. Además, Human Rights Watch señala que solo ciertos sitios preaprobados dentro de la red nacional iraní seguirían accesibles.
¿Por qué un apagón de internet afecta tanto a la economía digital iraní?
Porque muchos negocios dependen de internet global, redes sociales, pagos, herramientas de trabajo remoto y publicidad online. Reuters y AP ya documentaron en enero cómo el anterior apagón golpeó especialmente a empresas que dependían de la actividad digital diaria.