La expansión de la inteligencia artificial generativa está empezando a cambiar la relación de los usuarios con Internet. El 48 % reconoce sentirse cada vez menos seguro de poder distinguir qué contenido es real y cuál ha sido generado mediante IA, mientras que más de la mitad considera inevitable que sus datos personales terminen expuestos. Los resultados dibujan una Red en la que la abundancia de contenido sintético, los deepfakes y la preocupación por la privacidad empiezan a erosionar la confianza.

Las claves de la pérdida de confianza en Internet en 30 segundos

  • El 48 % afirma estar menos seguro de distinguir contenido real del generado mediante IA.
  • Un 52 % considera inevitable que sus datos personales acaben filtrados o expuestos.
  • El 40 % señala como problema los perfiles falsos y deepfakes, y un 27 % tiene menos ganas de navegar por Internet por el contenido generado con IA.
  • El 29 % pagaría por una experiencia online privada y sin seguimiento.

Los datos proceden de una encuesta difundida por Incogni sobre la denominada fatiga digital. Conviene interpretar sus resultados como percepciones declaradas por los participantes, y no como una medición de cuánto contenido de Internet es falso ni como una prueba de que la IA sea responsable de todos los problemas que detectan los usuarios.

El fenómeno tampoco puede reducirse a que la inteligencia artificial esté «llenando Internet de basura». Los modelos generativos permiten crear contenido útil, traducir información, programar, producir material educativo o hacer más accesibles determinadas tareas. El problema aparece cuando producir texto, imágenes, vídeos, comentarios y perfiles a gran escala resulta tan barato que también disminuye el coste de generar contenido de escasa calidad o deliberadamente engañoso.

Del spam al AI slop: producir contenido nunca había sido tan barato

Internet siempre ha tenido spam, desinformación, fotografías manipuladas, cuentas falsas y páginas creadas exclusivamente para captar tráfico. La IA generativa no ha inventado ninguno de esos problemas.

Sí ha cambiado radicalmente su escala.

Un usuario puede generar en minutos decenas de imágenes, artículos, vídeos o publicaciones que anteriormente habrían requerido horas de trabajo. Esa misma capacidad está disponible para redes de páginas automatizadas, campañas de spam y operadores que buscan captar visitas mediante contenidos fabricados masivamente.

De ahí ha surgido la expresión AI slop, utilizada de forma coloquial para describir contenido generado mediante inteligencia artificial en grandes cantidades y con escaso valor: imágenes imposibles diseñadas para provocar interacciones, vídeos falsos, noticias reconstruidas automáticamente, textos repetitivos o publicaciones creadas únicamente para alimentar algoritmos de recomendación.

La encuesta refleja que una parte de los usuarios empieza a acusar esa saturación.

El 48 % asegura sentirse menos seguro sobre qué es real y qué está generado mediante IA. Otro 40 % señala específicamente su preocupación por los creadores o perfiles falsos y los deepfakes.

La consecuencia más interesante quizá aparezca en otra respuesta: el 27 % afirma que el contenido generado mediante IA hace que tenga menos ganas de pasar tiempo en Internet.

Además, un 16 % relaciona esta situación con una mayor sensación de fatiga.

No todas las respuestas son negativas. Un 12 % considera que el contenido generado mediante inteligencia artificial permite acceder a información de manera más rápida y sencilla. La percepción de la tecnología, por tanto, está lejos de ser uniforme.

La privacidad preocupa incluso más que el contenido generado por IA

La desconfianza no termina en saber si una fotografía o un vídeo son auténticos.

Los datos facilitados por Incogni muestran una preocupación todavía mayor alrededor de la información personal. El 52 % de los participantes considera inevitable que sus datos personales terminen expuestos, frente a solamente un 11 % que confía en que permanezcan privados. El 37 % adopta una posición intermedia.

Las diferencias generacionales tampoco siguen exactamente el patrón que cabría esperar.

Millennials y miembros de la generación X aparecen entre los más pesimistas, con alrededor de un 55 % que considera inevitable esa exposición. Entre los baby boomers y la generación Z el porcentaje ronda el 48 %.

La preocupación tiene antecedentes suficientes para que no pueda atribuirse exclusivamente a la inteligencia artificial. Filtraciones de bases de datos, corredores de información o data brokers, publicidad basada en seguimiento, aplicaciones móviles y redes sociales llevan años alimentando el debate sobre la privacidad.

Incogni, empresa especializada precisamente en servicios de eliminación de información personal de data brokers, ha publicado otros estudios sobre este problema. En uno de ellos, realizado sobre 1.000 participantes estadounidenses, el 44 % quería eliminar su información personal de Internet y el 37 % creía haber sufrido alguna filtración o robo de datos.

La inteligencia artificial añade ahora otra dimensión porque necesita datos para funcionar y porque numerosas herramientas pueden recopilar información durante su utilización.

Un análisis de Incogni sobre extensiones de Chrome con funciones de IA encontró que el 52 % de las extensiones examinadas recopilaba al menos algún tipo de información de sus usuarios y el 29 % recogía información personalmente identificable. Estos porcentajes corresponden únicamente a la muestra estudiada y no pueden extrapolarse a todas las aplicaciones de IA.

La combinación ayuda a entender la percepción recogida por la nueva encuesta: aproximadamente la mitad de los participantes lamenta haber compartido determinados datos personales online y un 63 % relaciona el posible robo de información con ansiedad.

Cuando el problema deja de ser detectar una imagen falsa

Los primeros generadores de imágenes dejaban pistas bastante evidentes. Manos deformadas, textos incomprensibles, objetos fusionados o rostros artificiales permitían identificar rápidamente muchas creaciones.

Esa ventaja está desapareciendo.

Los actuales modelos pueden producir fotografías, voces y vídeos mucho más convincentes. El problema se complica cuando el contenido aparece fuera de contexto y circula por redes sociales, aplicaciones de mensajería o plataformas de vídeo.

La pregunta empieza entonces a invertirse.

Durante años Internet funcionó sobre una presunción bastante sencilla: una fotografía o un vídeo eran probablemente auténticos salvo que hubiera motivos para sospechar lo contrario. La facilidad para generar contenido sintético obliga progresivamente a plantearse si aquello que aparece en pantalla dispone de alguna prueba que permita acreditar su procedencia.

El efecto puede ir más allá de creer un deepfake.

También existe el riesgo contrario: rechazar contenido auténtico argumentando simplemente que podría haber sido generado mediante IA. Fotografías reales, grabaciones periodísticas o documentos legítimos pueden ser cuestionados cuando prácticamente cualquier imagen resulta técnicamente reproducible.

Ese deterioro de la confianza explica por qué empresas tecnológicas, fabricantes de cámaras y organizaciones de medios están trabajando en sistemas de procedencia y credenciales digitales que permitan registrar cómo se creó o modificó un archivo.

No resuelven por sí solos el problema. Pero el objetivo cambia: en lugar de intentar detectar matemáticamente cada contenido generado por IA, algo cada vez más difícil, se intenta proporcionar información verificable sobre el origen del material.

Algunos usuarios ya están reduciendo su presencia online

La encuesta también apunta hacia una consecuencia menos tecnológica: abandonar determinados espacios.

El 43 % de los participantes considera que pasa demasiado tiempo conectado, frente al 44 % que cree dedicar aproximadamente el tiempo adecuado. Solo un 7 % considera insuficiente su tiempo online.

En redes sociales aparecen decisiones todavía más claras. Un 47 % afirma haber eliminado alguna cuenta por motivos relacionados con la ansiedad, mientras que el 41 % dice haberlo hecho por cuestiones de privacidad.

Eso no significa que casi la mitad de la población esté abandonando las redes sociales. Las cifras describen las respuestas de la muestra encuestada y deben mantenerse dentro de ese contexto.

Pero sí apuntan hacia un concepto que empieza a ganar terreno: fatiga digital.

Internet ofrece cada vez más contenido y cada vez resulta más sencillo producirlo. Paradójicamente, esa abundancia puede hacer más costoso encontrar aquello que merece atención.

Para buscadores, medios de comunicación, redes sociales y plataformas de contenido aparece además un problema económico. Si los usuarios perciben que una proporción creciente de lo que encuentran es repetitivo, artificial o poco fiable, la confianza pasa a convertirse en un elemento diferenciador.

La privacidad también podría hacerlo.

Según la encuesta, el 29 % estaría dispuesto a pagar por utilizar una Internet privada y sin seguimiento, aunque un 46 % rechaza pagar por ello. El dato sugiere que existe un mercado potencial, pero también muestra los límites de trasladar al usuario el coste de proteger su privacidad.

La IA no está destruyendo Internet ni todos los contenidos generados mediante estos sistemas tienen escaso valor. Pero la encuesta sí señala algo relevante: una parte considerable de los usuarios siente que resulta más difícil saber en qué confiar.

Y esa percepción puede terminar siendo uno de los problemas más complicados de solucionar. Generar una imagen falsa requiere segundos. Recuperar la confianza de quien ya duda de cualquier imagen que ve en pantalla puede llevar bastante más tiempo.

Preguntas frecuentes

¿Qué porcentaje de usuarios tiene problemas para distinguir contenido real y generado por IA?

Según los datos de la encuesta difundida por Incogni, el 48 % afirma sentirse menos seguro de distinguir qué contenido es real y cuál está generado mediante inteligencia artificial.

¿Qué es el AI slop?

AI slop es una expresión informal utilizada para describir contenido generado masivamente mediante IA y de escaso valor, como imágenes diseñadas para captar interacciones, textos repetitivos, vídeos artificiales o publicaciones automatizadas.

¿La inteligencia artificial está provocando que los usuarios abandonen Internet?

La encuesta no permite establecer esa relación causal. Sí recoge que un 27 % afirma que el contenido generado mediante IA reduce sus ganas de pasar tiempo online, mientras que un 16 % declara sentirse más fatigado.

¿Preocupa más la IA o la privacidad de los datos?

Ambos asuntos aparecen relacionados. El 48 % declara más dificultades para saber qué contenido es real, mientras que el 52 % considera inevitable que sus datos personales terminen expuestos.

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