Un libro electrónico para el bolsillo trasero del pantalón

Creo que el futuro de los libros electrónicos es uno de los temas más controvertidos de la tecnología de gran consumo en este momento.

Algunos comentaristas creen que la aparición de soportes de lectura alternativos como el Table PC de Apple y otros del mismo estilo, pueden hacer peligrar la incipiente evolución del libro electrónico en sus inicios.

Porque, con estos soportes, puede que dejen de ser una oferta singular y acaben por integrarse dentro de los modelos audiovisuales que ahora mismo tienen un público que ya tiene hábitos de uso y consumo relacionados con ellos.

Para otros comentaristas los libros electrónicos son parte de una evolución de la lectura que seguirá ampliando sus formatos en el futuro.

Me llama la atención, una idea que no había tenido en cuenta, la de David Kohn, de Waterstone, que asegura que el reto que supone la aparición de los libros electrónicos debe entenderse como del mismo calibre que sufrió el libro ordinario en la década de los años treinta cuando surgió el primer libro de bolsillo de la editorial Penguin.

Los libros de bolsillo de Penguin, los que llevaron los soldados norteamericanos de la Segunda Guerra Mundial por toda Europa en sus mochilas, ofrecieron un formato nuevo, un precio muy bajo, tiradas masivas y opciones de lectura totalmente distintas a las habituales.

El libro electrónico volará solo cuando consiga resolver sus problemas con la piratería, cuando supere las difitultades de las legitimidades de los copyright, cuando tengan un precio competitivo y atractivo y cuando las compatibilidades de sus softwares dejen de ser un inconveniente para convertirse en una ventaja.

En cualquier caso, se trata de un problema editorial, de la industria que soporta el reto del libro electrónico, no de los lectores.

Ellos están ahí, como estuvieron los primeros que se atrevieron a llevar un Penguin en el bolsillo de atrás del pantalón.

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