El mayor premio económico de la próxima gran ola tecnológica podría no estar solo en los chips, en la nube o en los modelos de Inteligencia Artificial, sino en algo mucho más cercano al consumidor final: la compra digital. McKinsey sitúa al comercio electrónico como la mayor de las 18 “arenas del futuro” por potencial de ingresos en 2040, con una horquilla de entre 14.000 y 20.000 miles de millones de dólares. La distancia con el siguiente grupo ya da una pista de la magnitud del fenómeno: el software y los servicios de Inteligencia Artificial aparecen en segundo lugar, con entre 1.500 y 4.600 miles de millones. En conjunto, estas 18 arenas podrían mover entre 29.000 y 48.000 miles de millones de dólares en 2040, equivalentes, según la firma, al 18 % y el 34 % del crecimiento total del PIB.

La lectura de fondo es relevante porque McKinsey no habla de sectores aislados, sino de espacios donde se concentra el crecimiento, la inversión y la competencia. En su análisis anterior, la consultora ya defendía que las 12 grandes arenas surgidas en las dos últimas décadas duplicaron con creces su peso en ingresos entre 2005 y 2023 y elevaron su capitalización bursátil a un ritmo anual del 14 %, frente al 5 % de las industrias que quedaban fuera de ese grupo. Para empresas, inversores y reguladores, la cuestión ya no es solo dónde se desarrolla la tecnología, sino dónde se captura el valor.

La siguiente tabla resume los datos de la imagen de McKinsey sobre las 18 arenas potenciales del mañana por estimación de ingresos en 2040.

SectorIngresos 2022Estimación 2040CAGR 2022-2040
Comercio electrónico4.00014.000-20.0007 %-9 %
Software y servicios de IA851.500-4.60017 %-25 %
Servicios cloud2201.600-3.40012 %-17 %
Vehículos eléctricos4502.500-3.20010 %-12 %
Publicidad digital5202.100-2.9008 %-10 %
Semiconductores6301.700-2.4006 %-8 %
Vehículos autónomos compartidosn. d.610-2.300n. d.
Espacio300960-1.6007 %-10 %
Ciberseguridad160590-1.2008 %-12 %
Baterías98810-1.10012 %-14 %
Construcción modular180540-1.1006 %-10 %
Vídeo en streaming160510-1.0006 %-11 %
Videojuegos230550-9105 %-8 %
Robótica21190-91013 %-23 %
Biotecnología industrial y de consumo140340-9005 %-11 %
Movilidad aérea del futuron. d.75-340n. d.
Fármacos contra la obesidad y afecciones relacionadas24120-2809 %-15 %
Centrales de fisión nuclear1865-1507 %-13 %
Total7.25029.000-48.0008 %-11 %

No se trata solo de vender más, sino de estar en el punto exacto donde se captura el valor

Que el comercio electrónico encabece la clasificación por tanta distancia no significa que el software de Inteligencia Artificial, la nube o los semiconductores pierdan peso. De hecho, el informe los coloca entre los grandes motores del nuevo ciclo industrial. Lo que sugiere esta jerarquía es otra cosa: que la capa comercial, la que convierte la infraestructura tecnológica en una transacción real, puede acabar siendo el gran destino económico de todo ese despliegue. Es una inferencia razonable al ver que el comercio electrónico aparece por delante de la nube, los chips y el propio software de IA en ingresos potenciales.

McKinsey también introduce un matiz importante: ingresos no equivale automáticamente a beneficios. La consultora estima que los semiconductores podrían convertirse en la tercera arena por beneficio potencial en 2040 gracias a márgenes del 20 % al 25 %, pese a ocupar el sexto puesto por ingresos. En cambio, los vehículos eléctricos, cuartos por volumen de negocio, caerían al séptimo lugar por beneficio potencial si sus márgenes se mantienen entre el 4 % y el 10 %. Dicho de otro modo, vender mucho no siempre será lo mismo que ganar mucho.

A esto se suma un elemento geográfico que Europa no debería pasar por alto. McKinsey recuerda que, en 2023, las empresas estadounidenses concentraban el 75 % de la capitalización de las arenas de alto crecimiento, mientras que Europa tenía una cuota del 10 % en esas arenas, frente al 21 % que mantenía en industrias no consideradas “arenas”. El aviso es claro: la carrera por capturar el valor de los sectores emergentes no está repartida de forma equilibrada.

La siguiente ola no pasa por buscar productos, sino por delegar la compra

La segunda gran idea del análisis de McKinsey es que una parte creciente de ese negocio podría no pasar por consumidores navegando tiendas online como hasta ahora, sino por agentes de Inteligencia Artificial comprando en su nombre. Su investigación sobre “agentic commerce” calcula que, para 2030, los agentes podrían mediar entre 3 y 5 billones de dólares del comercio global de consumo. Solo en el mercado minorista B2C de Estados Unidos, la oportunidad oscilaría entre 900.000 millones y 1 billón de dólares.

La tesis es sencilla y disruptiva a la vez: si un agente es capaz de entender intención, comparar opciones, montar una cesta, negociar y cerrar el pago, entonces la interfaz principal del comercio deja de ser la web tradicional y pasa a ser la conversación, la automatización y la integración entre sistemas. McKinsey sostiene que esto no sería una simple evolución del comercio electrónico, sino una reconfiguración de cómo se descubren, evalúan y compran productos y servicios.

Ese escenario ya no pertenece solo a la teoría. OpenAI lanzó Operator en enero de 2025 como agente capaz de interactuar con webs y ejecutar tareas en un navegador, y la propia compañía afirma que ChatGPT supera ya los 800 millones de usuarios semanales. Google, por su parte, aseguró en su conferencia I/O de 2025 que AI Overviews había alcanzado más de 1.500 millones de usuarios mensuales en 200 países y territorios. Cuando estas interfaces ganan escala, también cambia el lugar desde el que empieza la compra.

La infraestructura decisiva será invisible: protocolos, pagos y confianza

El verdadero cuello de botella no está tanto en el escaparate como en la infraestructura que permite a un agente actuar con contexto, permisos y seguridad. McKinsey identifica varios ladrillos técnicos de ese nuevo edificio: MCP para conectar modelos con herramientas y datos, A2A para coordinar agentes entre sí y AP2 para pagos delegados. Anthropic presentó MCP como un estándar abierto para unir fuentes de datos y herramientas con aplicaciones de IA; Google anunció A2A para la interoperabilidad entre agentes y ha impulsado AP2 y UCP para encajar pagos y procesos comerciales en entornos automatizados.

También los pagos se están moviendo. Visa ha presentado su estrategia de “Intelligent Commerce” y en 2025 anunció pilotos para que agentes de IA pudieran comprar dentro de presupuestos y parámetros de consentimiento definidos por el usuario. Shopify, mientras tanto, ya habla de comercio nativo en canales de IA y de catálogos preparados para ser entendidos por agentes. No son pruebas concluyentes de adopción masiva inmediata, pero sí señales claras de que la capa de transacción ya se está rediseñando.

Ahora bien, la velocidad técnica no elimina los riesgos. McKinsey advierte de problemas de confianza, fraude, atribución de responsabilidad y soberanía del dato en un modelo en el que la decisión ya no la toma de forma directa una persona frente a una pantalla. En Europa, además, este debate se encuadra en un marco regulatorio más exigente, con el Reglamento europeo de Inteligencia Artificial ya en vigor y con el RGPD como referencia en materia de protección de datos. La gran batalla del comercio de la próxima década no se jugará solo en quién ofrece mejores productos, sino en quién logra ser visible, interpretable y fiable para clientes humanos y para agentes automáticos al mismo tiempo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué McKinsey sitúa al comercio electrónico por delante del software de IA?
Porque su estimación para 2040 da al comercio electrónico un potencial de ingresos de entre 14.000 y 20.000 miles de millones de dólares, muy por encima de los entre 1.500 y 4.600 miles de millones atribuidos al software y los servicios de Inteligencia Artificial. La lectura es que la transacción final puede capturar más valor que algunas capas previas de la cadena tecnológica.

¿Qué es exactamente el comercio agentico?
Es un modelo en el que agentes de Inteligencia Artificial ayudan o actúan en nombre del usuario para buscar productos, comparar opciones, construir cestas y completar compras. McKinsey cree que esta dinámica podría mediar entre 3 y 5 billones de dólares del comercio global de consumo en 2030.

¿Qué tecnologías harán posible que un agente compre por una persona?
Entre las piezas clave están protocolos como MCP para conectar modelos con herramientas y datos, A2A para la comunicación entre agentes y AP2 o UCP para pagos y flujos comerciales seguros. A eso se añaden sistemas de identidad, autorización delegada y prevención del fraude adaptados a agentes automáticos.

¿Qué frena la expansión del comercio agentico en Europa?
Principalmente, la confianza del consumidor, la responsabilidad legal cuando un agente se equivoca, la protección de datos y la adaptación de los sistemas de pago y cumplimiento normativo. En la Unión Europea, ese desarrollo tendrá que convivir con el AI Act y con el RGPD.

vía: mckinsey

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