Los adolescentes de los países desarrollados obtienen peores resultados en lectura y matemáticas que hace una década y el deterioro coincide con una transformación profunda de sus hábitos digitales. Entre 2015 y 2025, la media de la OCDE ha perdido 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas. Móviles, TikTok, Instagram, YouTube y otras plataformas aparecen inevitablemente en el debate, pero PISA no demuestra que las redes sociales sean las responsables del desplome. Los datos sí ofrecen señales suficientes para preguntarse qué está haciendo la economía de la atención con la forma de leer, estudiar y consumir información.
Las claves de PISA, móviles y redes sociales en 20 segundos
- La OCDE pierde 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas desde 2015.
- España cae hasta 451 puntos en lectura y 457 en matemáticas.
- Un 29 % de los alumnos españoles declara distracciones digitales frecuentes en clase.
- Aumentan las respuestas rápidas y erróneas en las pruebas de lectura.
- PISA detecta relaciones entre hábitos digitales y rendimiento, pero no demuestra que las redes sociales sean la causa.
La discusión resulta especialmente interesante para quienes trabajan en redes sociales, publicidad y marketing digital porque buena parte de la industria lleva años intentando exactamente lo contrario de lo que exige una prueba como PISA: captar rápidamente la atención, reducir el abandono y conseguir que el usuario pase al siguiente contenido.
Eso no convierte automáticamente a TikTok, Instagram o YouTube en responsables del deterioro educativo.
El periodista y analista de datos Kiko Llaneras ha señalado precisamente esta dificultad al analizar los resultados de PISA 2025. Hay candidatos de sobra para explicar el descenso: pandemia, inmigración, teléfonos, menos lectura, falta de sueño, cambios pedagógicos y, más recientemente, inteligencia artificial.
El problema es demostrar cuánto corresponde a cada uno.
Una generación rodeada de contenidos obtiene peores resultados en lectura
El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) mide las competencias de alumnos de 15 años. En su edición de 2025 participaron unos 760.000 estudiantes de 91 países y economías.
La tendencia de la última década resulta difícil de ignorar.
| Media OCDE | 2015 | 2025 | Cambio |
|---|---|---|---|
| Lectura | 489 | 461 | -28 |
| Matemáticas | 485 | 463 | -22 |
| Ciencias | 489 | 482 | -7 |
España tampoco escapa al descenso. Obtiene 451 puntos en lectura y 457 en matemáticas, por debajo de las respectivas medias de la OCDE.
Además, desde 2015 ha aumentado en 15 puntos porcentuales la proporción de alumnos españoles que no alcanza el nivel mínimo establecido por PISA en lectura.
La paradoja resulta llamativa.
Nunca había sido tan sencillo acceder a información, textos, vídeos, explicaciones y recursos educativos. Al mismo tiempo, los resultados muestran dificultades crecientes precisamente para comprender y trabajar con información escrita.
Una posible explicación está en que tener acceso a más contenidos no equivale necesariamente a dedicar más tiempo a procesarlos con profundidad.
Internet también ha cambiado.
La web que hace 15 años estaba dominada por páginas, blogs, foros y redes con abundante contenido textual ha evolucionado hacia un consumo mucho más móvil, visual, algorítmico y fragmentado.
El vídeo corto es probablemente su manifestación más evidente.
De leer una página a decidir en segundos si se hace scroll
Las principales plataformas digitales compiten por un recurso limitado: el tiempo.
TikTok, Instagram Reels, YouTube Shorts y otros formatos han perfeccionado sistemas que ofrecen continuamente una nueva pieza de contenido.
El usuario no necesita buscarla.
El algoritmo selecciona el siguiente vídeo y permite descartarlo inmediatamente mediante un gesto.
El marketing se ha adaptado a ese comportamiento. Los primeros segundos de una publicación son determinantes y conceptos como hook, retención, tiempo de visualización o tasa de finalización forman parte del vocabulario habitual de creadores, agencias y anunciantes.
Nada de esto demuestra que consumir vídeos cortos reduzca directamente la capacidad lectora.
Pero la coincidencia temporal explica el interés científico por estudiar la relación.
Kiko Llaneras recoge, por ejemplo, una investigación italiana que relacionó un acceso más temprano a las redes sociales con peores resultados educativos. Este tipo de estudios aporta pistas, aunque sigue siendo complicado separar el efecto de las plataformas de otras características familiares, sociales y personales.
Hay además una diferencia importante que suele desaparecer cuando se habla de «tiempo de pantalla».
Ver un documental de 50 minutos, leer un periódico digital, conversar con amigos y encadenar vídeos de 15 segundos son actividades cognitivamente diferentes, aunque todas ocurran delante de una pantalla.
Por eso medir solamente cuántas horas pasa un adolescente con un dispositivo dice relativamente poco sobre lo que está haciendo realmente.
PISA encuentra distracción digital dentro de las aulas
PISA 2025 ofrece algunos datos directamente relacionados con los dispositivos.
En España, el 29 % de los estudiantes afirma que sus compañeros se distraen utilizando dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias. En el conjunto de la OCDE son el 28 %.
Los estudiantes españoles que declaran encontrarse habitualmente en ese entorno obtienen 16 puntos menos en ciencias después de ajustar el análisis por determinadas diferencias socioeconómicas.
Es una correlación, no una prueba causal.
Podría ocurrir que los centros con mayores problemas de disciplina tengan simultáneamente más distracciones digitales y peores resultados. Tampoco puede concluirse que retirar un teléfono produzca automáticamente una mejora equivalente a 16 puntos.
España está actuando, en cualquier caso, sobre el problema.
Según PISA, el 86 % de los estudiantes españoles está escolarizado en centros donde los teléfonos móviles están prohibidos, frente al 49 % de media de la OCDE. En 2022 el porcentaje español era del 67 %.
Los datos internacionales indican que las prohibiciones están asociadas con menos distracciones digitales. Saber cuánto mejoran realmente el aprendizaje necesitará más tiempo y evaluaciones.
PISA detecta más lectores que responden rápido y fallan
Uno de los resultados más interesantes para analizar la posible transformación de la atención no procede de preguntar a los alumnos cuánto utilizan Instagram o TikTok.
Está dentro de la propia prueba.
PISA registra cómo responden los estudiantes y permite estudiar no solo si aciertan, sino también determinados patrones durante el examen.
Entre 2018 y 2025 disminuyó alrededor de siete puntos porcentuales la proporción de estudiantes que la OCDE clasifica como lectores precisos y fluidos.
En paralelo aumentaron los denominados hasty readers: estudiantes que responden rápidamente pero cometen errores.
Representaban aproximadamente un 7 % y ahora rondan el 11 %.
La OCDE observa también un mayor deterioro del rendimiento conforme avanza la evaluación.
Son resultados compatibles con problemas de perseverancia, atención o confianza cuando una tarea exige más esfuerzo, aunque la organización evita establecer una explicación causal.
La conexión con las redes sociales es sugerente, pero todavía es una hipótesis.
Una prueba PISA exige mantener la atención incluso cuando el texto no resulta entretenido. El contenido algorítmico funciona bajo una lógica muy diferente: cuando algo deja de interesar, otro estímulo está disponible inmediatamente.
Para el sector del marketing, esa diferencia merece atención porque la publicidad digital lleva años adaptándose a la segunda dinámica.
La economía de la atención ha enseñado al marketing a ser cada vez más rápido
La transformación del contenido comercial resulta visible.
Un anuncio televisivo podía disponer de 20 o 30 segundos para contar una pequeña historia. En determinadas plataformas digitales, conseguir que el usuario no deslice el dedo durante los primeros segundos ya representa una primera victoria.
Las marcas han aprendido a colocar antes la información importante, introducir movimiento rápidamente, utilizar subtítulos, cambiar de plano con frecuencia y reducir la duración.
Los creadores también observan métricas de retención para descubrir exactamente dónde abandona la audiencia.
Es una respuesta lógica al funcionamiento de las plataformas.
El riesgo aparece cuando se confunde esa adaptación comercial con una descripción completa de cómo las personas deberían consumir información.
Captar atención y mantener atención no son exactamente el mismo problema.
Una pieza puede conseguir millones de visualizaciones mediante estímulos rápidos sin exigir demasiado esfuerzo cognitivo. Otra puede necesitar diez minutos de concentración antes de aportar todo su valor.
Los algoritmos de recomendación tampoco tienen necesariamente como objetivo educativo que una persona termine el día mejor informada. Las plataformas utilizan diferentes sistemas y objetivos, pero métricas como interacción, satisfacción, tiempo dedicado o probabilidad de continuar consumiendo contenido pueden intervenir en las recomendaciones.
Eso tampoco significa que todo contenido recomendado sea superficial. Las mismas plataformas alojan divulgación científica, cursos, análisis políticos, historia, literatura y contenidos educativos.
La cuestión está en qué hábitos termina favoreciendo el conjunto de la experiencia.
Leer por placer también está retrocediendo
Otra pista procede de los hábitos lectores.
En Estados Unidos, los datos de la evaluación nacional NAEP muestran una evolución especialmente larga. En 1984, aproximadamente el 35 % de los estudiantes de 13 años afirmaba leer por diversión casi todos los días. En 2023 eran alrededor del 14 %.
No es un dato español ni permite atribuir la caída a las redes sociales, que ni siquiera existían durante buena parte del periodo.
Sí muestra que la pérdida del hábito lector viene de lejos.
Leer un libro, un reportaje largo o una novela exige mantener voluntariamente la atención sin recibir constantemente estímulos nuevos.
También obliga a construir mentalmente una historia o argumento y conservar información durante páginas.
PISA 2025 encuentra que el deterioro lector es especialmente preocupante en tareas que requieren enfrentarse a información más compleja.
La OCDE también señala la importancia creciente de competencias como distinguir hechos de opiniones, evaluar la fiabilidad de las fuentes y relacionar diferentes fragmentos de información.
Son habilidades que resultan especialmente necesarias precisamente por el crecimiento de las redes sociales.
La IA añade ahora una segunda transformación
Cuando todavía se intenta comprender el efecto de smartphones y plataformas sociales, los adolescentes han incorporado una nueva tecnología a su forma de estudiar.
La inteligencia artificial generativa.
En España, el 54 % de los estudiantes de 15 años afirma utilizar chatbots de IA al menos semanalmente para ayudarle a aprender. La media de la OCDE es del 46 %.
Los usos son variados:
| Uso educativo de IA | España | OCDE |
|---|---|---|
| Ayuda para aprender semanalmente | 54 % | 46 % |
| Investigación preliminar | 42 % | 31 % |
| Resumir textos | 40 % | 30 % |
| Redactar trabajos | 33 % | 29 % |
La inteligencia artificial introduce una diferencia importante respecto a las redes sociales.
Un vídeo corto puede competir con el tiempo dedicado a estudiar. Un chatbot puede intervenir directamente dentro del propio proceso de aprendizaje.
Puede explicar un concepto difícil, generar ejercicios personalizados o corregir un texto.
Pero también puede resumir el capítulo que el alumno debería leer, resolver el problema que debería intentar comprender o escribir el trabajo que posteriormente entregará.
El efecto depende de cómo se utilice.
PISA encuentra asociaciones entre determinados usos de la IA y resultados más bajos, pero tampoco puede demostrar que la herramienta sea la responsable. Los alumnos con mayores dificultades pueden recurrir más a ella.
Además, ChatGPT apareció públicamente a finales de 2022. La IA generativa no puede explicar un deterioro educativo iniciado muchos años antes.
La cuestión es qué ocurrirá a partir de ahora.
Menos sueño, otra pieza relacionada con el móvil
El tiempo dedicado a las pantallas también compite con una actividad mucho menos visible: dormir.
Los datos españoles muestran un descenso de la proporción de adolescentes que duerme más de ocho horas.
No puede atribuirse automáticamente a las redes sociales. Horarios familiares, estudios, ocio y otros factores también intervienen.
Pero el uso nocturno del smartphone ha añadido una actividad que hace unas décadas simplemente no existía.
Dormir menos puede afectar a la concentración, memoria y capacidad para aprender.
Y vuelve a mostrar por qué resulta tan difícil separar las causas.
Redes sociales, teléfonos, sueño, lectura y atención pueden estar relacionados entre sí.
Lo que PISA no permite decir sobre TikTok, Instagram o los móviles
Los resultados justifican investigar la relación entre el entorno digital y el aprendizaje, pero también obligan a evitar conclusiones que los datos no sostienen.
PISA no demuestra que TikTok haya provocado 28 puntos de caída en lectura.
Tampoco demuestra que prohibir los smartphones vaya a recuperar automáticamente esos puntos.
No puede establecer cuánto corresponde a Instagram, cuánto a YouTube, cuánto a los videojuegos o cuánto a otros usos del teléfono.
Y hablar genéricamente de «pantallas» puede ocultar más de lo que explica.
| Afirmación | Qué sabemos |
|---|---|
| Los resultados educativos han caído | Sí |
| Los adolescentes utilizan masivamente smartphones | Sí |
| Existen distracciones digitales en las aulas | Sí |
| Leer por placer ha disminuido en algunos países | Sí |
| PISA observa más respuestas rápidas y erróneas | Sí |
| Prohibir móviles reduce algunas distracciones | Hay evidencias en esa dirección |
| Las redes sociales explican el desplome de PISA | No está demostrado |
| TikTok es la causa principal | No está demostrado |
| La IA explica la caída desde 2015 | No, por razones cronológicas |
Esta distinción resulta importante también para el marketing.
Las plataformas y los formatos digitales han cambiado radicalmente durante la misma década en la que han empeorado algunas competencias educativas. Es razonable estudiar la conexión, pero la coincidencia temporal no basta para establecer causalidad.
El marketing también empieza a tener un problema de atención
Hay una lectura adicional que va más allá de las aulas.
Si una parte de la población se acostumbra a decidir en segundos si un contenido merece atención, las propias marcas terminan compitiendo en un entorno cada vez más difícil.
El resultado puede ser una escalada.
Vídeos más cortos, titulares más agresivos, ediciones más rápidas, estímulos visuales constantes y mensajes cada vez más simplificados para intentar detener el scroll.
Pero reducir continuamente la cantidad de atención necesaria también tiene un límite.
Productos complejos, información financiera, salud, tecnología, política o educación difícilmente pueden explicarse siempre en quince segundos.
Las marcas necesitan captar atención, pero también necesitan construir confianza, explicar y ser recordadas.
Los resultados de PISA no son un estudio sobre marketing ni permiten afirmar que la industria publicitaria esté deteriorando la capacidad de concentración de los adolescentes.
Sí colocan sobre la mesa una pregunta que afecta tanto a educadores como a plataformas, medios y anunciantes: qué ocurre cuando una parte creciente de la información que recibe una persona está diseñada para competir por segundos de atención.
La respuesta todavía no está clara.
Precisamente por eso conviene no reducir el desplome educativo a una explicación cómoda sobre «los jóvenes y TikTok». La caída empezó antes de la pandemia, atraviesa países con sistemas educativos diferentes y probablemente combina factores escolares, sociales, familiares y tecnológicos.
Las redes sociales forman parte de esa transformación y los nuevos datos justifican estudiarlas mucho mejor. Pero PISA deja por ahora una advertencia más amplia: la forma en que los adolescentes consumen información ha cambiado mucho más rápido que nuestra capacidad para medir qué consecuencias tiene ese cambio sobre su aprendizaje.
Fuente: Educación 2.0