Europa lleva años hablando de soberanía digital, pero algunos gobiernos empiezan a trasladar ese debate a los ordenadores que utilizan cada día sus funcionarios. Alemania y Francia ya cuentan con experiencias relevantes sustituyendo herramientas de Microsoft por Linux y software de código abierto, mientras la Comisión Europea ha situado estas tecnologías entre las opciones para reducir la fuerte dependencia comunitaria de proveedores extranjeros. El objetivo no pasa necesariamente por eliminar Windows, sino por decidir dónde sigue siendo imprescindible y dónde existen alternativas más económicas y controlables.
Las claves de la apuesta europea por Linux en 20 segundos
- El estado alemán de Schleswig-Holstein migra hacia software abierto para unos 30.000 empleados públicos.
- Su Gobierno asegura haber ahorrado más de 15 millones de euros en licencias.
- La Gendarmería francesa utiliza Linux desde hace años.
- La Comisión Europea considera el código abierto una herramienta para ganar autonomía tecnológica.
- El cambio no resulta viable por igual en todos los puestos.
El debate ha ganado actualidad después de que China acelerase la retirada de una edición gubernamental de Windows en determinadas entidades estatales. El modelo chino es muy diferente del europeo, pero pone sobre la mesa una cuestión común: cuánto debe depender un Estado de tecnologías fundamentales controladas desde otro país.
Para un ciudadano puede parecer una discusión lejana. En realidad afecta a herramientas tan cotidianas como el sistema operativo de un ordenador, el correo electrónico, los documentos administrativos o los servicios donde se almacenan los datos públicos.
Y Europa tiene una dependencia considerable.
La Comisión Europea reconoció en junio de 2026 que la Unión depende de proveedores no europeos para más del 80 % de sus productos, servicios, infraestructuras y propiedad intelectual digitales. También calcula que el continente destina más de 260.000 millones de euros anuales a tecnologías digitales procedentes de terceros países.
No todo ese dinero corresponde a sistemas operativos y mucho menos a Microsoft. Sin embargo, las cifras ayudan a entender por qué Bruselas está prestando más atención al software abierto.
Alemania ya está probando el cambio a gran escala
Uno de los experimentos europeos más ambiciosos se desarrolla en Schleswig-Holstein, un estado situado en el norte de Alemania.
Su Administración trabaja en la creación de un puesto digital basado progresivamente en tecnologías abiertas para unos 30.000 empleados públicos.
El proyecto va bastante más allá de cambiar Windows por Linux.
Microsoft Office está siendo sustituido por LibreOffice, Outlook por Thunderbird, Exchange por Open-Xchange y SharePoint por Nextcloud. El cambio del propio Windows hacia Linux forma también parte del programa.
La transición permite empezar a conocer algo especialmente relevante para los contribuyentes: cuánto dinero puede ahorrarse.
El Gobierno regional aseguró a finales de 2025 que el proyecto había generado más de 15 millones de euros de ahorro en licencias, aunque la migración también requiere inversión. Para 2026 estaban previstos nueve millones de euros extraordinarios destinados a continuar la transformación y desarrollar las alternativas necesarias.
El código abierto, por tanto, no significa que la tecnología sea gratis.
Siguen haciendo falta técnicos, soporte, servidores, actualizaciones, ciberseguridad, formación y empresas capaces de mantener los sistemas. La diferencia es que el organismo público no queda necesariamente vinculado durante años a las licencias de un único fabricante.
Schleswig-Holstein ofrece además una buena muestra de la complejidad del proceso.
En octubre de 2025 había migrado más de 40.000 buzones de correo, incluyendo más de 100 millones de mensajes y elementos de calendario, desde Microsoft Exchange y Outlook hacia Open-Xchange y Thunderbird.
A finales de aquel año LibreOffice se encontraba instalado en cerca del 80 % de los puestos administrativos incluidos en el proyecto.
Pero determinadas aplicaciones siguen necesitando Windows.
Por eso la transición está siendo gradual.
Francia lleva años utilizando Linux en su Gendarmería
Alemania tampoco parte de cero. Francia cuenta con una de las experiencias más conocidas de Europa.
La Gendarmería Nacional francesa comenzó hace años a sustituir progresivamente software propietario por aplicaciones abiertas. El proceso terminó llegando al propio sistema operativo mediante GendBuntu, una distribución basada en Ubuntu adaptada a sus necesidades.
El caso resulta especialmente interesante porque no se trata de una pequeña organización.
La Gendarmería dispone de numerosos puestos repartidos por todo el territorio francés y trabaja con información sensible. Su experiencia demuestra que Linux puede utilizarse en organizaciones públicas de gran tamaño cuando existe una planificación adecuada.
Otros países europeos están avanzando por caminos diferentes.
Dinamarca ha estudiado específicamente la soberanía digital de su sector público y las alternativas disponibles para reducir dependencias. En Austria también existen proyectos gubernamentales que utilizan soluciones como Nextcloud sobre infraestructura localizada en el país.
No todos estos casos implican abandonar Windows. La soberanía digital comprende igualmente correo, almacenamiento, servicios en la nube, documentos, identidad digital y aplicaciones.
Esta diferencia es importante porque Europa no necesita sustituir cada producto estadounidense por un equivalente europeo.
El objetivo puede ser mucho más sencillo: conservar la capacidad de elegir.
¿Sería realmente más barato utilizar Linux?
Esta es probablemente la pregunta más interesante para el ciudadano.
Windows y las herramientas empresariales de Microsoft tienen costes de licencia, pero sustituirlas también cuesta dinero.
Una Administración que lleva veinte años trabajando con aplicaciones diseñadas específicamente para Windows puede tener cientos o miles de programas que necesitan adaptación.
También existen impresoras, lectores de tarjetas, sistemas biométricos y otros dispositivos cuyos controladores pueden depender del sistema de Microsoft.
Los funcionarios necesitan además formación y soporte durante el cambio.
Una migración mal planteada puede terminar costando más que mantener las licencias existentes.
Pero ocurre también lo contrario.
Miles de trabajadores públicos utilizan fundamentalmente un navegador, correo electrónico, procesador de textos, hojas de cálculo, videoconferencia y aplicaciones administrativas accesibles desde una web.
En esos puestos resulta razonable preguntarse si Windows y una suite ofimática propietaria son realmente imprescindibles.
Ahí podría encontrarse una parte considerable del ahorro.
En lugar de plantear una sustitución general, las administraciones podrían clasificar sus ordenadores según las necesidades reales.
| Tipo de puesto | Posibilidad de utilizar Linux |
|---|---|
| Navegador, correo y ofimática | Alta |
| Aplicaciones públicas mediante web | Alta |
| Gestión documental estándar | Alta o media |
| Programas antiguos exclusivos de Windows | Baja inicialmente |
| Software industrial especializado | Depende de la aplicación |
| Equipos con periféricos específicos | Requiere comprobar compatibilidad |
Este enfoque permitiría mantener Windows donde aporte una ventaja clara y abrir el resto de los puestos a diferentes sistemas operativos.
También podría introducir más competencia en las compras públicas.
Soberanía digital no significa aislarse
Existe además una razón que va más allá del precio.
Cuando una Administración utiliza tecnologías abiertas puede disponer de mayor capacidad para inspeccionar el software, modificarlo y contratar su mantenimiento a proveedores diferentes.
Si una empresa deja de prestar el servicio, otra puede asumirlo sin que necesariamente haya que reconstruir todo el sistema.
Esto no elimina las dependencias tecnológicas. Linux también necesita desarrolladores, distribuciones, actualizaciones y una enorme cadena internacional de componentes.
Pero reduce algunas formas de dependencia de un único fabricante.
La propia Comisión Europea parece avanzar en esa dirección. Su estrategia presentada en junio de 2026 identifica el código abierto como una de las herramientas disponibles para reforzar la soberanía tecnológica y señala ámbitos como sistemas operativos, servicios cloud, inteligencia artificial y ciberseguridad.
Hay además otra decisión que puede resultar incluso más importante que sustituir los ordenadores actuales.
Las nuevas aplicaciones de las administraciones deberían evitar depender innecesariamente de un sistema operativo concreto.
Si un trámite público funciona desde cualquier navegador moderno, utiliza formatos abiertos y dispone de interfaces estandarizadas, el organismo conserva libertad para cambiar posteriormente sus ordenadores.
Si una aplicación creada en 2026 solamente funciona correctamente sobre Windows, esa dependencia podría continuar durante décadas.
Europa tampoco tiene que seguir el modelo chino. Pekín está utilizando una política mucho más intervencionista para sustituir progresivamente tecnologías extranjeras en organismos públicos y empresas estatales.
La Unión Europea puede optar por una estrategia basada en competencia y estándares abiertos.
Windows seguiría teniendo espacio allí donde sea la mejor solución. Linux podría utilizarse donde permita reducir costes y dependencia. Y las aplicaciones deberían diseñarse para funcionar independientemente del ordenador elegido.
El caso alemán demuestra que esta discusión ya no pertenece exclusivamente a aficionados al software libre. Cuando una Administración con decenas de miles de trabajadores afirma haber ahorrado más de 15 millones de euros en licencias, la posibilidad de utilizar alternativas abiertas pasa a ser también una cuestión de gestión del dinero público.
El siguiente paso para Europa podría ser bastante menos radical que abandonar Windows: obligarse a justificar por qué lo necesita antes de comprarlo por defecto.
Preguntas frecuentes
¿Europa quiere prohibir Windows en las administraciones?
No. No existe una política europea para prohibir Windows. El debate gira alrededor de reducir dependencias tecnológicas y aumentar el uso de estándares y soluciones abiertas cuando sean adecuadas.
¿Qué país europeo está sustituyendo Windows por Linux?
El estado alemán de Schleswig-Holstein desarrolla una de las migraciones más amplias, con un proyecto dirigido a unos 30.000 empleados. Francia cuenta además con una larga experiencia utilizando Linux en la Gendarmería Nacional.
¿Utilizar Linux supondría ahorrar dinero público?
Puede reducir los gastos de licencias, pero la migración también tiene costes de formación, soporte y adaptación. Schleswig-Holstein asegura haber conseguido más de 15 millones de euros de ahorro en licencias dentro de su proyecto.
¿Por qué Linux puede mejorar la soberanía digital?
El código abierto permite mayor control sobre la tecnología y reduce la dependencia exclusiva de un fabricante. También facilita que diferentes empresas puedan prestar servicios sobre una misma plataforma.