La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a entre 4.000 y 4.500 personas en España, según la Sociedad Española de Neurología. Esta patología, que provoca una pérdida progresiva de la movilidad, enfrenta a los pacientes y sus familias a un considerable desafío, acentuado por el hecho de que el diagnóstico puede tardar casi un año en confirmarse.

El doctor Alejandro Durán, jefe de Neurología del Hospital Quirónsalud Bizkaia, explica que la ELA afecta a las neuronas motoras, cruciales para el movimiento muscular. La degeneración de estas neuronas resulta en debilidad progresiva que compromete la marcha y otras funciones motoras. Los síntomas iniciales, como la debilidad o pérdida de masa muscular en extremidades, pueden confundirse fácilmente con otras afecciones menores, contribuyendo así al retraso en el diagnóstico.

Además de los problemas de movilidad, la ELA puede causar complicaciones menos visibles como deterioro cognitivo y problemas emocionales, que impactan hasta al 50% de los pacientes. Esta situación resalta la necesidad de un enfoque de tratamiento integral.

Sara García, responsable de la Unidad de Neurorrehabilitación Robótica del mismo hospital, subraya la importancia de la fisioterapia en el tratamiento de la ELA: «Ayuda a mantener la movilidad, reducir complicaciones y adaptar el tratamiento a cada fase de la enfermedad». La tecnología, como la neurorrehabilitación robótica y el uso de exoesqueletos, permite terapias más personalizadas y un seguimiento preciso del progreso del paciente. Estas herramientas no reemplazan la terapia tradicional, sino que la complementan para mejorar los resultados.

El manejo de la ELA requiere un enfoque multidisciplinario que incluya a neurólogos, fisioterapeutas, nutricionistas, logopedas y psicólogos. Durán compara el rol del neurólogo con el de un director de orquesta que debe coordinar todos los aspectos del tratamiento para mejorar la calidad de vida del paciente. Destaca también la importancia de ofrecer apoyo y recursos informativos tanto a los pacientes como a sus familias para comprender la enfermedad y su evolución.

Los profesionales enfatizan que los pequeños avances en la vida diaria de los pacientes son de gran valor. Mejoras en la movilidad, la comunicación y el uso de dispositivos de asistencia pueden extender la autonomía del paciente y su participación en actividades cotidianas. García y Durán coinciden en que cualquier señal de estabilidad o mejora puede tener un impacto positivo en el estado psicológico del paciente y de su familia.

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